¿Alguna vez te has detenido a pensar de dónde proviene realmente la energía que hace funcionar tus luces, tu refrigerador o tu laptop? A nivel mundial, aproximadamente el 60 % de la electricidad que usamos se genera quemando combustibles fósiles como carbón, petróleo o gas natural. En Australia, el carbón y el gas siguen siendo las principales fuentes de energía.



¿Cómo se produce la electricidad que usamos?
El proceso básico para generar electricidad funciona de la siguiente manera:
Quemar combustible – Se queman combustibles fósiles para liberar energía térmica.
Hervir agua – Este calor hierve el agua, produciendo vapor a alta presión.
Hacer girar la turbina – El vapor hace girar una turbina, que mueve un generador.
Generar electricidad – El generador convierte el movimiento de la turbina en electricidad.

En algunas centrales de ciclo combinado a gas, la combustión impulsa directamente una turbina de gas, o se utiliza un sistema de ciclo combinado para lograr mayor eficiencia
El problema con los combustibles fósiles
Si bien la energía proveniente de combustibles fósiles es confiable, tiene un alto costo ambiental.
La quema de estos combustibles libera dióxido de carbono (CO₂), uno de los principales gases de efecto invernadero responsables del cambio climático. Cuando las temperaturas globales aumentan, el planeta experimenta fenómenos climáticos más extremos, como olas de calor prolongadas, inundaciones intensas, sequías severas y tormentas más fuertes. Reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles es crucial para proteger el planeta y prevenir consecuencias aún más graves.
La transición hacia las energías renovables
Cuando hablamos de “energía limpia”, es importante ser realistas. No existe la energía completamente libre de impactos; todas las actividades humanas afectan al planeta. Incluso las fuentes renovables como la solar, eólica e hidroeléctrica tienen huellas ambientales: requieren materias primas, afectan a los ecosistemas, tienen una vida útil limitada y pueden ser difíciles de reciclar. Sin embargo, en comparación con los combustibles fósiles, las energías renovables son mucho menos dañinas. Producen pocas o ninguna emisión de gases de efecto invernadero durante su operación, están volviéndose más accesibles, y cada vez más países las eligen como soluciones clave para reducir los peores efectos del cambio climático.


¿Qué podemos hacer como individuos?
Tal vez por sí solo no puedas operar una central eléctrica, pero sí tienes influencia sobre tu huella energética personal. Abajo te dejo algunas formas de reducir tu dependencia de la electricidad proveniente de combustibles fósiles:
- Elige energía renovable – Intenta elegir un proveedor que ofrezca opciones de energía renovable, o si tienes la posibilidad instala paneles solares en tu hogar.
- Reduce el consumo – Apaga las luces y los dispositivos cuando no los estés usando. Utiliza bombillas LED para ahorrar energía.
- Usa los electrodomésticos de manera eficiente – Invierte en electrodomésticos de bajo consumo y mejora el aislamiento de tu hogar para reducir la necesidad de calefacción y refrigeración.
- Replantea tu consumo – Compra productos sostenibles y evita compras innecesarias.
- Programa tu uso de energía – Si tu proveedor ofrece energía renovable más barata en horarios “fuera de pico”, utiliza los electrodomésticos como lavavajillas y lavadoras durante esos momentos.
- Apoya políticas de energía limpia – Únete a peticiones, iniciativas comunitarias o consultas del gobierno local que promuevan la adopción de energías renovables.
- Cambia a un banco libre de combustibles fósiles – Traslada tu dinero a un banco que no invierta en proyectos de carbón, petróleo o gas.
- Revisa tu fondo de jubilación – Investiga en qué invierte tu fondo de pensión. Muchos ofrecen opciones que evitan industrias de combustibles fósiles y se centran en proyectos sostenibles.



La energía que usamos a diario tiene un impacto que no podemos pasar por alto. Cada vez que encendemos la luz, hay una cadena de eventos y consecuencias detrás de ello. La realidad es que nuestras decisiones, por mas pequeñas que parezcan, pueden alimentar el problema o formar parte de la solución.




