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¿Te pasó alguna vez de comprar un regalo para alguien y, al dárselo, te dicen: “Ay no, lo siento, no necesito esto… quedátelo vos”?
A mí me ha pasado varias veces, y lo primero que se me viene a la mente es: “¡¿Cómo se atreve a decir que no a mi regalo?!”
Pero la verdad es que… a veces, cuando yo recibo un presente, desearía poder dar la misma respuesta. A menos que sea chocolate, sé que lo que estoy por abrir va a terminar en el vertedero o ocupando un espacio preciado en mi pequeño apartamento.


Regalos que no usamos: el costo ambiental que ignoramos
Normalmente pensamos en los regalos como una forma de mostrar amor, agradecimiento o celebrar ocasiones especiales. Pero seamos honestos: ¿con qué frecuencia recibimos algo que termina olvidado en un armario, nunca se usa o eventualmente acaba en un basurero?
Según investigaciones de 2024 del The Australia Institute:
- El 27 % de los australianos espera recibir un regalo de Navidad que no usarán ni se pondrán nunca.
- Los australianos gastan más de 1.000 millones de dólares cada año en regalos de Navidad que terminarán en vertederos.
- Cada Navidad, los australianos utilizan más de 150.000 kilómetros de papel de regalo, suficiente para dar la vuelta a la Tierra cuatro veces.
Y estos datos son sin siquiera considerar los costos medio ambientales ocultos, como los recursos extraídos, las fábricas que funcionan con combustibles fósiles, los empaquetados de plástico y las emisiones del transporte, todo por algo que quizás nunca se llegue a usar.

¿Y si empezamos a regalar de forma diferente?
Entonces, ¿Cómo podemos hacer que nuestros regalos no terminen en vertederos?
1- Primero que nada, deberíamos dejar de lado la idea de que solo comprando algo se demuestra aprecio. El amor, el cuidado y la gratitud se pueden expresar de muchísimas otras formas más significativas.
2- Prioriza la presencia sobre cualquier presente: no sientas vergüenza por asistir a una celebración con las manos vacías. Estoy segura de que tu tiempo y tu compañía son lo que más valoran.
3- Fomentar celebraciones sin obsequios: Hoy en día, las fiestas de cumpleaños son muy comunes en la vida de muchos niños, y la presión de llevar un presente cada vez es mayor, tanto para los chicos como para los padres. Pero imaginá recibir una invitación que diga:
«Te esperamos para celebrar los 12 años de Isabella este sábado a las 15:00.
Por favor, no traer regalos.»
¿No sería hermoso? Los niños seguirían divirtiéndose con sus amigos, y además les estaríamos enseñando que la alegría y la felicidad no tienen que venir envueltas en papel.
4- Reutilizar, reciclar, reaprovechar: Bolsas, moños, cajas, papeles y telas usadas para envolver se pueden usar una y otra vez. También podés considerar dar algo de segunda mano o un libro que ya tengas en casa y ames. Hay muchas formas creativas de aplicar la regla de las tres R.
5- Elegir regalos con sentido y de bajo impacto: Si realmente querés comprar algo para alguien que querés mucho, siempre recomiendo optar por experiencias, servicios o productos sostenibles de negocios locales. Estos suelen tener un impacto más profundo y una huella ambiental más pequeña. En el enlace de abajo, incluyo dos marcas australianas amigables con el medio ambiente que yo uso personalmente y recomiendo mucho: Go for Zero y Biome.


El Efecto Dominó
Cambiar la forma en que damos regalos puede inspirar a otros a hacer lo mismo. Una pequeña decisión, como comprar productos locales, reutilizar envoltorios o elegir un regalo sostenible, puede contribuir a un cambio cultural mucho más grande.
Imaginá si cada persona regalara al menos un regalo sostenible esta Navidad. El desperdicio disminuiría, las emisiones se reducirían, y nuestra generosidad realmente tendría un significado.
Mi pregunta favorita cuando necesito comprar un regalo es: ¿Este regalo realmente se va a usar… o solo se convertirá en basura? Te animo a hacerte la misma pregunta cada vez que estés en busca de un nuevo regalo.
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